miércoles, 26 de junio de 2013

Me siento triste en días lluviosos: ¿existe la depresión estacional?




Es común escuchar a personas que nos dicen que se sienten tristes porque está lloviendo o no se sienten del todo bien porque hace frío; cuando hay sol nos sentimos más energéticos, más alegres, y cuando hace frío, nos da más flojera levantarnos, nos sentimos dormilones y desmotivados. Estos síntomas son muy comunes.

Afortunadamente en México no tenemos como tal una ausencia total de sol en el día, sin embargo hay países, sobre todo Europeos, en donde durante el invierno la luz solar dura apenas unas horas, a las 3 de la tarde comienza a obscurecer por lo que la gente tiende a presentar síntomas depresivos que tienen que ver con la estación del año (en otoño e invierno). En menor nivel, nosotros experimentamos cambios en nuestro humor debidos a la falta de luz solar, sin embargo, hay un enorme debate acerca de si esto puede ser llamado depresión.




¿Qué tiene que ver la luz solar en todo esto? 

miércoles, 19 de junio de 2013

ELIGIENDO UN PSICÓLOGO



Una de las grandes dudas de mucha gente que consulta un psicólogo es si la terapia funcionará, por ello es muy importante elegir adecuadamente al profesional que nos ayudará. En psicología existen diferentes escuelas, algunas científicas y otras no, hay personas que están aplicando “tratamientos” que no están reconocidos por ninguna universidad o no son realmente psicólogos, todo esto impacta en tu proceso de terapia. 

Algunas claves útiles en la búsqueda de un psicólogo son:

1. ¿Es realmente un psicólogo?

miércoles, 12 de junio de 2013

EL MOMENTO DE IR A TERAPIA



Es muy común que las personas pasemos por ciertas dificultades, o que no nos sintamos del todo (o nada) bien, o que estemos inquietos sobre algo o nos sintamos perdidos, confundidos o desmotivados. Todas estas situaciones son comunes en las personas y con frecuencia tenemos diferentes estrategias para hacerles frente y seguir avanzando. Sin embargo, cuando hay momentos en que poner en práctica lo que queremos hacer es difícil, o no sabemos qué hacer o sentimos que no podemos, puede ser momento de acudir a un profesional como el psicólogo, ya que esto puede marcar la diferencia. 

La mayoría de las personas acuden porque sienten que en su vida hay algo que no funciona como quisieran y después de un tiempo de intentar resolver el problema (sin el éxito que esperaban), han decidido solicitar ayuda profesional. Pueden ser problemas que sentimos que nos sobrepasan y no sabemos cómo afrontar.

En estos casos, el primer paso es reconocer o identificar que existe algo que nos impide estar bien. Hay que remarcar que las personas que consultan a un psicólogo no tienen que presentar necesariamente un problema emocional o conductual severo, no tenemos que esperar hasta estar metidos en la cama todo el día sintiéndonos muy tristes o “perder” el control, para llegar a terapia. Cualquier conducta o situación humana, sobre todo aquellas que disminuyen el bienestar, puede ser motivo de consulta y objeto de un cambio.

Algunos ejemplos de lo que motiva a la gente a ir a terapia pueden ser:

miércoles, 5 de junio de 2013

TOMANDO DECISIONES



¿Crees que te tardas mucho tiempo en tomar una decisión? 

A veces dudamos que cualquiera de los caminos que tomemos sea "el bueno", es el momento en que nos preguntamos “¿Y qué tal sí…?” por ejemplo “¿Y si se enoja?” "¿Y si no me sale bien?”…y con esto toda tu buena intención de tomar una decisión se hace más complicada, puede ser que ni siquiera llegues a tomar una decisión por estar pensando en todas las opciones de lo que puede pasar.
 
Todos tenemos que tomar decisiones en la vida, algunas se basan más en la fe que en la información ya que no sabemos lo que pasará. Para algunos el proceso de toma de decisiones es más complicado que para otros. Hay quienes no dan un paso hasta tener tanta información como sea posible antes de decidirse, por ejemplo cuando compran algo, pasan mucho tiempo revisando precios, contrastando opiniones,viendo otras opciones, etc. Esta forma de tomar decisiones fácilmente puede caer en la postergación ya que llegan a tener tanta información que es imposible recordar todo y los pros son tantos como los contras por lo que mejor deciden ya no hacer nada puesto que están iguald e indecisos que al inicio.

Por el contrario, hay personas que toman decisiones con muy poca información o incluso ninguna (como si fuera echar una moneda al aire), cosa que a los que pensamos más en buscar información, nos parece más arriesgado.

Hablando de quienes pasan más tiempo antes de tomar decisiones, que es un caso algo más común, pueden presentar un problema con su estrategia de búsqueda y más búsqueda, tratan de llegar a una meta que no será alcanzada: SABER TODO antes de tomar la decisión, ver TODOS los pros y contras, etc. 

Esta búsqueda de saber todo es una ilusión, nos engañamos pensando que estamos “haciendo algo” cuando sólo pensamos y pensamos (sin llegar a tomar la decisión)…no hay un proceso, sino un estancamiento. Finalmente podemos decir “no puedo decidirme, no soy bueno/a tomando decisiones”… Elegir NO HACER (no tomar ninguna decisión) es una decisión en sí misma, por lo tanto SÍ tienes la capacidad de decidir.

No importa la decisión que tomes, siempre habrán algunas dudas (“qué tal si”) y aún después de tomar la decisión te preguntarás qué hubiera pasado si hubieras elegido otra opción, es inevitable. Como sea, el “hubiera” es algo interminable…pero querer pensar en TODAS las posibilidades es llegar a un nivel de preocupación altísimo.

¿Cuál es la clave? A lo largo de tu vida has tomado ya decisiones, independientemente de si son cosas trascendentales o tan cotidianas como al ropa que te pondrás hoy, el principio de la toma de decisión ES EL MISMO…probablemente recopilaste datos (y lo hiciste bien) y llegaste al momento de escoger una opción Y LO HICISTE. 

Tal vez dirás “no es lo mismo decidir entre llevarme un paraguas hoy y escoger la carrera a estudiar o el trabajo que quiero hacer”, el punto es que SÍ tienes la capacidad de decidir y de soportar las consecuencias asociadas a los que elegiste, CONVÉNCETE de ello. Si no eliges y te paralizas no aprendes a enfrentar esa angustia de no saber qué hacer y cada vez que tengas que decidir vivirás el mismo proceso de ansiedad en el que cada día piensas “qué esto termine rápido”. En tus manos está el terminar con esa preocupación.

Ya sea que decidas con mucha o poca información, lo importante es atreverte a hacer lo que en ese momento te parece mejor y tendrá mayores beneficios para ti a largo plazo. Cuando sientas que estás en un momento en el que “nunca” habías estado, recuérdate a ti mismo/a que tienes toda la capacidad para decidir y enfrentar lo que sea que se atraviese por tu camino; ya lo has hecho antes y lo puedes hacer nuevamente. Recuerda que no hay problema que no tenga solución; si no tiene solución, simplemente NO ES un problema, es una realidad y puedes enfrentarla preocupándote menos y actuando más a través de una estrategia ¿Cómo hacemos estrategias? lo veremos en el próximo post.